lunes, 26 de noviembre de 2012

Sesión continua - El discurso del rey


No siempre es fácil mostrarte tal cual eres ante tu rey. En Pantuás estamos convencidos de que no basta con ser un profesional, hay además que demostrarlo y comportarse como tal y, en ocasiones, eso es más complejo de lo que parece.

A veces incluso, ¡paradoja de paradojas!, comportarte como un profesional puede granjearte precisamente las suspicacias de tus propios clientes: Gran parte de nuestras acciones y actuaciones están influenciadas por teóricos axiomas que, en forma de sentencias asertivas, llevamos escuchando toda nuestra vida. En el mundo laboral, por supuesto, eso también ocurre.

¿Quién de nosotros no ha escuchado durante toda su experiencia laboral: “El cliente siempre tiene la razón” o “El cliente es el rey”? Dios nos libre de poner en cuestión, a estas alturas, que efectivamente el cliente es nuestro rey. Pero, ¡ojo! Por muy delicado que sea plantearlo: ¿Es del todo cierto que el cliente siempre tiene la razón? ¿No es posible que, en alguna ocasión, su discurso pueda estar equivocado o, al menos, que el rey tartamudee al desglosarlo? En esas ocasiones, un auténtico profesional tiene la obligación de plantearlo, sobre todo si estima que esa equivocación influirá negativamente en el resultado final del trabajo que se va a realizar.


Algunas profesiones, a mayor abundancia, resultan en algunas de sus vertientes suficientemente conceptuales, suficientemente intangibles, como para que supuestos lugares comunes den a la mayoría de las personas la sensación de poder dominarlas sin previos estudios específicos, sin conocimientos concretos de las mismas. Determinadas áreas del diseño, para nuestra tortura, están así estigmatizadas, y frases como “Para gustos los colores” o “Sobre gustos no hay nada escrito”, parecen dar la razón a quienes así piensan.

Sin embargo, como decimos en uno de nuestros slogans, “Sobre gustos, en realidad, sí hay mucho escrito”… y pintado, esculpido, compuesto, etc., y mucho es lo que hay que estudiar antes de atreverte a diseñar, porque además un diseño es mucho más que una simple cuestión de gustos. Un diseño debe obedecer a múltiples premisas y estar respaldado por una importante base de conocimientos de arte, de herramientas, tecnologías, disciplinas variadas, medios de comunicación y de diseño propiamente dicho y, sobre todo, del estudio del publico objetivo y del objetivo final.

Pero, en base a esas dichosas y sempiternas frases, el papel que a veces parece obligársenos a desempeñar es ¡ni más ni menos que el de  tener que discutirle al rey sus propios gustos! Así, por ejemplo, un cliente nos dice de repente aquello de “no me gusta ese texto, o ese color…”, y no importa lo violento que resulte, no queda más remedio que ser un profesional y sacarle, con toda delicadeza, de su error: “Majestad, discúlpeme, no hemos realizado el diseño pensando en Ud. sino en lo que Ud. pretende conseguir con él y, créame, hemos utilizado todos nuestros conocimientos, y hemos realizado innumerables combinaciones y permutaciones, hasta dar con el texto y color idóneos”.

En algunos casos el cliente finalmente decidirá incluso en contra de nuestro criterio, pero habremos cumplido con la obligación de dar nuestra opinión de expertos, de profesionales. Y eso, podemos asegurarlo, no siempre es fácil ni se comprende. No obstante, nuestro discurso seguirá siendo sincero desde el punto de vista profesional, porque en Pantuás, el cliente, precisamente por ser quien es, nos merece más respeto que todas las demás casas reales juntas.

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