lunes, 12 de noviembre de 2012

Sesión continua - Toma el dinero y corre


Una de las escenas más surrealistas y cómicas de la historia del cine tenía que ser, cómo no, creación de Woody Allen. Seguramente todos habréis disfrutado del momento en el que Woody intenta atracar un banco pasándole una nota al cajero en la que le escribe precisamente algo parecido a: “¡esto es un atraco, no hable y deme el dinero!”.

El caso es que su intento de discreción se convierte en una auténtica feria cuando el cajero, que no entiende lo que allí está escrito, pregunta qué dice la nota y, ¡en discrepancia con el protagonista, que es quien la ha escrito!, empieza a consultar a todo el mundo, y todos están de acuerdo en que pone cualquier otra cosa, menos lo que pone en realidad. ¡Hilarante!... en el cine.



En la realidad, sin embargo, no es tan gracioso. Algunos presupuestos de la competencia que hemos visto últimamente, podrían haber sido escritos por el protagonista de esa película. De hecho podrían decir exactamente lo mismo. Porque en realidad es un auténtico atraco presupuestar con precios tirados a la baja, e incluso con algunas opciones teóricamente gratuitas, soluciones que no sirven en absoluto para satisfacer las necesidades reales del cliente.

¿Cómo se puede realizar una oferta para un cliente sin estudiar primero su perfil, sus necesidades, sin un mínimo briefing? Investigar, no solo lo que el cliente quiere sino lo que en realidad necesita, es la obligación de cualquier profesional que se tenga como tal antes de pasar a ofrecerle ninguna solución, por poco precio que esta tenga. ¿Desde cuándo algo resuelve las necesidades de un cliente por el simple hecho de ser gratis? Eso suponiendo que lo sea, porque todos sabemos que finalmente cualquier cosa, sin precio, termina necesitando un enorme presupuesto para llegar hasta la solución final habiendo gastado además tiempo, confianza, energías e imagen.

Últimamente, potenciadas por la crisis, un montón de propuestas económicas se disfrazan de galimatías apenas entendibles y prometen hacer lo mismo que soluciones con un coste más alto y que fijan su prioridad en el objetivo, en la investigación, y en encontrar la solución idónea y más rentable.

Es duro decirlo, pero esas ofertas están desprovistas de ética y profesionalidad y buscan secuestrar una operación sin preocuparse de la validez, rentabilidad y coherencia del trabajo realizado. Son ofertas que no buscan la fidelización del cliente, esa que solo se consigue esforzándose por satisfacerle y retornarle con creces la inversión realizada.

En Pantuás queremos pervivir de nuestro trabajo y de esa filosofía de lealtad “cliente-diseñador”. Seguiremos ofertando calidad y excelencia. Y, aunque nos encanta Allen, jamás  apostaremos por la filosofía del “toma el dinero y corre”.

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