lunes, 17 de diciembre de 2012

Sesión continua - El cartero siempre llama dos veces.

En realidad no podemos asegurar que eso sea verdad o que sea una leyenda urbana. Francamente, nos inclinamos a pensar que cada cartero llamará las veces que considere necesarias, depende de a quién esté llamando y del humor del que se encuentre en ese momento, sobre todo porque queremos seguir pensando que todo es relativo. Pero lo que sí sabemos es que “la primera impresión no concede una segunda oportunidad”.

De hecho ni siquiera en el cine: no es que el remake, con Jack Nicholson  y Jessica Lange, fuera malo, pero permitidnos opinar que el original, con John Garfield y (sobre todo) con Lana Turner, es insuperable. Aunque muchos de vosotros, jovencitos, no sepáis ni de lo que estamos hablando.

Sin duda “La primera impresión es la que cuenta”. Y, si no me creéis, echad un vistazo, por favor, a esa versión de la que os hablamos, y luego nos decís si es posible mejorar esa impresionante y sugerente primera aparición de Lana Turner como mujer fatal inesperada, e improbable, en una remota estación de servicio perdida en el centro de ninguna parte.


Ya hemos hablado en otras ocasiones de esa primera impresión. Todos los estudios de marketing, ventas, psicología aplicada, etc., están de acuerdo: esa primera impresión que nos produce la primera visión de algo, esa que se produce en el primer nanosegundo, y que se fija entre los dos y los cuatro primeros minutos, es muy difícil de cambiar. (¡El primer minuto en el ámbito telefónico!). Esa primera impresión nos influirá ya en todo lo que pueda ocurrir a continuación. Tampoco queremos interpretar eso a pies juntillas, y además (ahora que nadie nos oye) sabemos de buena tinta que, por suerte o por desgracia, algunos de nosotros somos capaces de cambiar cualquier impresión, por mucha impronta que esta haya marcado . ¡Faltaría más, para eso estamos! Pero es bien cierto, creednos, que, si esa primera impresión ha sido nefasta, es mejor que desaparezcas y vuelvas a aparecer de nuevo. "A grandes males…"

En fin que lo que tratamos de deciros es que, en lugar de tener que desaparecer y volver a aparecer de nuevo, tras un cambio radical que no solo será costoso a todos los niveles, sino que obligará a cambiar absolutamente tu filosofía personal o empresarial, más vale estudiar lo suficiente tu forma de presentarte en sociedad, para hacer que, sin abandonar tu personalidad ni falsificar tus auténticos principios, esta se ajuste a los canones que imperan en esa neblinosa realidad que es la simpatía, el “caer bien”, la empatía a primera vista. Porque luego podemos garantizar que todo lo demás será bastante más fácil y agradable.

Ya lo sabéis: el cartero siempre llama dos veces, o no. Las oportunidades no suelen hacerlo, y la segunda oportunidad de dar una primera impresión simplemente no  existe. ¿Ya sabes cuál es la que tu causas? ¿Estás a gusto con ella? Piénsalo dos veces.

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