miércoles, 18 de septiembre de 2013

Sesión continua - Por un puñado de dólares (¿Impulsar a emprendedores o aprovecharse de parados?)



El pistolero con el nombre más cheli de todo el oeste, Carlos, (Clint Eastwood) conocía perfectamente la diferencia entre un profesional y un mercenario. Pero, para quien no la tenga clara todavía, diremos que la principal diferencia reside en que el profesional está enamorado de su profesión (vocación y ambición), y el mercenario solo está enamorado del dinero que gana con su profesión (avaricia). 

Un profesional, cuando llega el momento, hace el esfuerzo que sea necesario para que el mercado sobreviva. No es una ONG, pero sí alguien que entiende que se trata de ayudar a quienes integran su mercado, para así poder seguir ejerciendo su profesión junto a los demás. Un mercenario, sin embargo, en ese mismo momento, se limitará a arrancarle al mercado lo necesario para sobrevivir al precio que sea. El mercenario, con el peso de su avaricia, acabará rompiendo el saco del mercado.



En Pantuás realmente estamos estremecidos ante la actual paradoja: la realidad es que el hecho de que la crisis termine convirtiendo a los “emprendedores” en la pieza más codiciada de los mercados es simplemente una. No nos engañemos, las empresas nacientes han sido siempre en buena lógica el objetivo de las empresas de marketing, diseño y comunicación, pero, en este momento, le duela a quien le duela, es simplemente porque los parados son legión, el acceso al trabajo inexistente, y el autoempleo la única salida que les queda, a pesar de las dificultades que ello conlleva y que los mercenarios se empeñan en disimular, e incluso negar, con tal de que esos posibles emprendedores se lancen al ruedo.

Hablando en plata: ahora mismo están sobre la mesa o bien seis millones de victimas propiciatorias, o bien seis millones de posibles emprendedores que podrían regenerar la estructura empresarial de este país. Y, ¿a que no sabéis de quién depende en gran parte que ocurra una u otra cosa? Por supuesto, antes que nada, de su propio empuje e ideas, pero también de nuestra ética, de que nuestro apoyo sea el mejor que podamos darles a nivel de conocimientos, experiencia y calidad en todo cuanto les apoyemos. 

Sería un triste error que, por vender cualquier cosa y a cualquier precio, les engañásemos, nos aprovechásemos de profesionales, potenciales, presentes y futuros, colegas, desvalijándoles antes de que lleguen a serlo, en lugar de tratarles ya como a auténticos colegas/clientes que, a su vez, tendrán otros y generarán, de nuevo, demanda, movimiento, negocio… vida.

Desde Pantuás queremos reiterar que solo partiendo del conocimiento de determinadas premisas, de la calidad, de la solidez, se puede tener una garantía de futuro. No basta con solo conocer el producto o servicio que se quiere proporcionar, también es necesario conocer el mercado en el que se va a evolucionar y la imagen y la estrategia adecuadas para el mismo. 

Los que tenemos los conocimientos y los medios para ahorrarles camino, tenemos la obligación de hacer realmente un esfuerzo para impulsarles, y ellos deben entender, desde el principio, que nada gratis tiene una base coherente. porque la ocasión lo merece. ¿Qué negocio real regala lo que es su patrimonio? ¿Qué estarán regalándote, pues? Rebajemos nuestros precios, nuestros márgenes, pero no nuestra calidad, no vendamos “gato por liebre” con tal de vender algo que les sea asequible a todos, aunque luego no les sirva ni a ellos, ni a nosotros. A ellos porque no podrán aprovecharlo y a nosotros porque el mercado terminará desapareciendo con ellos. 

Seamos profesionales, convenzámonos todos de que se trata de invertir lo justo, de efectuar ese “quid pro quo” que es la base de todo negocio, y que nos permitirá a nosotros ayudarles de verdad con la cosecha que hemos recolectado durante años, y a ellos aprovechar nuestra experiencia y conocimientos. No destrocemos el mercado definitivamente, no hundamos este puente, ni ningún otro, hacia nuestro futuro.

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